Olvidos
No me gusto cuando me pongo metafísico; pero, de cuando en cuando, me da por ahí.
Dicen que no he vuelto a ser el mismo desde el accidente; al menos es lo que murmuran, entre ellos, toda esa gente que dice conocerme; los que callan cuando se dan cuenta de que presto atención. Supongo que es verdad. Digo que solo supongo porque no es que recuerde mucho de como era yo antes. El mismo accidente, para mí, como si no hubiera pasado.
Durante bastante tiempo, el recuerdo que me parecía más antiguo, era abrir los ojos y estar acostado en una habitación blanca, en la que un montón de caras desconocidas me miraban, con ojos como platos, y se decían, los unos a los otros, que había tenido la hostia de suerte; que era como si hubiera vuelto a nacer. Puede ser, tampoco recuerdo como fue la primera vez que lo hice; lo de nacer, digo.
En serio: no sabía quién era esa gente que estaba pasmada allí delante. ¡Joder! Sí no sabía quién era yo. Después con el tiempo comencé a recordar cosas de mí, de los otros. Con cada una que volvía a mi cabeza yo me las apañaba mejor y la gente, esas personas que decían ser los míos, estaban más contentos y me agobiaban menos. Por eso, esperando sacármelos de encima, no me ponía a explicarles que mis recuerdos eran, son, como ese pasatiempo, aquel en que dibujas una línea siguiendo unos puntos numerados y al final el resultado es una imagen reconocible por poco.
Así son mis recuerdos: en un conjunto, parecen tener un significado, pero siempre uno como muy tenue. Es difícil de explicar, solo decir que me viene a la cabeza una sensación, un color, muchas veces un olor y de este nace una imagen, de esta otra y al final acabas con un recuerdo muy fino y muy largo, hecho de cosas que, se supone, pasaron.
Lo intentaré otra vez: lo primero que recordé del antes fueron cosas de cuando era muy, muy pequeño y ninguna es que la recordase muy, muy bien. Te explicaré una: mi perro se llamaba Tomas, era blanco y negro, un día desapareció, dijeron que se había escapado; aunque no sé quién opinó que a lo mejor le había atropellado un coche. Punto, hasta aquí, esto es todo lo que sé del jodido perro. No recuerdo nada más, ni su aspecto, ni quién me lo regaló, si lo sacaba a pasear o se meaba dentro de casa, nada. Si escucho que alguien grita ¡Tomas!, yo levanto la cabeza y busco un perro, a la vez que me siento triste.
Así son mis recuerdos. ¿Lo has entendido mejor?, espero que sí, lo he hecho lo mejor que he podido, no me aprietes. No sé por qué recuerdo las cosas en la manera que lo hago, pero sé que es en la manera en que explican más sobre sí mismas y sobre mí.
Cuando conté esto, porque claro, lo conté —al psicólogo y a gente así—, pusieron una cara como la tuya por un rato y, después, dijeron que no me preocupara, que solo era cuestión de tiempo que los pensamientos, los recuerdos, fueran regresando, se trenzasen entre sí, fueran más sólidos y me pudiera apoyar mejor en ellos. Lo dijeron, pero se equivocan, o mienten. No hay suficiente tiempo en una vida para que vuelvan todos los recuerdos de otra. Es imposible.
Hay otra cosa, una más, difícil de explicar. A ver... Quien era yo antes era el rey en eso de hacerse preguntas idiotas, preguntas sin respuesta o desagradables. Rollos tipo: ¿qué sentiré cuando la abuela la diñe?, ¿qué piensa esa gente que vive en la calle y no tiene para comer?, ¿qué pasará si vuelve a haber una guerra? Vamos, que el notas siempre estaba calentándose la cabeza, con esto y con lo otro, y luego, cuando veía que no podía manejarlo, escondiéndolo, sobre todo de él mismo, en algún rincón de la cabeza para intentar olvidarlo. Como el cabrón la diñó se puede decir que lo consiguió; aunque todas sus cosas todavía están aquí, en la que ahora es mi cabeza. Y yo voy encontrándomelas. Es como caminar por una acera llena, llenita de mierdas de perro. ¿Me entiendes? Es igual, tampoco es que sea esto exactamente. Solo que por ahí va.
Hay algo que no me encuentro dentro de esta cabeza que ahora es mía, no lo encuentro porque está por todas partes, un algo ligero como la luz misma. El que él tenía muy claro algo que le daba un sentido, un Norte, a su vida; pero no sé qué es. De esto solo ha quedado el vacío, la huella. Como ya te he dicho; no sé si será algo que mole recordar.
Aunque me temo que acabará regresando y me encontraré en la casilla de salida; una que no es la mía. Eso jode.
No he vuelto a ser igual desde el accidente; soy otro, dicen; parece que el de antes les gustaba más. Yo no tengo una opinión sobre esto.
