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La tormenta -Avance-

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Septiembre Quizás esté llegando una verdadera tormenta; fíjate cómo el cuervo parece palpar el aire con el extremo de sus plumas y encogerse intimidado. ¿Qué te asusta, ángel negro? —Este suspiro te puede llevar muy arriba, si es que te atreves a cabalgarlo... primero no parece tan complicado, hasta que te das cuenta de que te eleva tan alto que no puedes hacer otra cosa que continuar trepando por él, aunque no estés dispuesto a pasar frío y escarcharte las plumas. Con suerte, si no te hielas y te transformas en una bola de nieve y plumas, puedes atravesar los jirones de bruma y ceniza, subir y subir hasta conseguir volver la vista al cielo para encontrarte con un billón de estrellas y la redonda faz de la luna contemplándote boquiabierta. Si la miras demasiado quizás acabes como los humanos y te decidas a dar un salto hacia ella para cabucearte en el espacio. No sé si es posible hacerlo, porque de todos los que lo han intentado ninguno ha regresado. Aunque puede que sea más sencillo q...

El cisne negro -Avance editorial-

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  El cisne negro obra tan impublicable como la mayoría del autor podría ser acusada de blanqueamiento del terrorismo, de difamación y de estar mal escrita. Posiblemente quien lo hiciera tendría razón. Para muestra el primer capítulo.   Nortes   1995 —¿Estás tranquilo? —Lo estoy. —¿Cómo lo consigues? Yo estoy hecho un flan. —No lo parece, tienes una pinta estupenda, la del hombre que tiene soluciones. —No me adules. O sí, adúlame sin parar, lo necesito. —Eso sería algo muy cansado, además no tenemos tiempo, ahí llega Osorio. —Señores, me alegro de verles, ¿quieren acompañarme? Me dicen que ha sido tan difícil hacer coincidir las agendas de los patrocinadores que, ocupados en ello, olvidaron confirmar si el hotel tenía una sala para nosotros. ¿No les parece una excusa estúpida? Tendremos que apañarnos con una suite. —No es problema. ¿Cómo están los jefes, Osorio? ¿Crees que nos tomarán en serio? —No me arriesgaré a hacer una valoración. Por aquí, al ascensor, por favor. —¡N...

El Perro Amarillo

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  El Perro Amarillo   Un reportaje de Sol Colmenares 001 —Lo meterán en un agujero y después tirarán la llave. Es lo único que he entendido de los últimos minutos de charla que me ha dedicado Torpedo Meléndez. Es un hombre muy castigado, no mucho más que piel, huesos y un resto de melena larga y cana que parece derramarse sin fuerza sobre sus hombros esqueléticos; tiene un ligero temblor en la barbilla que no ayuda mucho a entender lo que dice. —¿Tienes un cigarrillo, guapa? Eso sí que lo he entendido, aunque me parece imposible que me lo haya preguntado, porque Torpedo tiene muchas dificultades para respirar. Una cánula de plástico transparente, que llega desde algún lugar de la trasera de la silla de ruedas donde está sentado y se divide en dos antes de introducírsele por las fosas nasales, lo certifica. La enfermera que me ha llevado hasta él me ha avisado de que no ha conseguido quitarse del vicio y dedicó un minuto a darme instrucciones que se resumían en: no le dé tab...

Las bromas de Mister Georgenson

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  Trama lateral no incluida en la novela inédita del autor Vendedores de humo , cuyo tema principal parece ser molestar a jueces y abogados, además de enaltecer a quienes consideran las señales de límite de velocidad meras sugerencias. Harry Georgenson   Las bromas de Mister Georgenson   Un reportaje de Sol Colmenares     —Tengo un encargo para ti.   Dice Gustavo, lleva el jersey ese viejo de excursionista que desde que decretó las restricciones de calefacción en la redacción es su imagen personal. Lucha con la cremallera durante medio minuto hasta que consigue hacerla deslizar, pone cara de estar muy satisfecho y pasa a dedicarle toda su atención.   —¿Has oído hablar de la última película de nuestro excelso gran director cinematográfico?   —Todo el mundo lo ha hecho.   —¿Sí? Y ¿qué has oído?   —Que es un drama, como siempre; de gente que se roba canciones unos a otros, toman demasiadas drogas, pierden la voz y acaba, lo dicho, en ...

Despedida

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    Vacio-001     Esta otra noche me visitó un fantasma. Entiendo que pueda pareceros una afirmación exagerada, que creáis más correcto decir que soñé con un difunto. Sí, sé que lo aceptaríais mejor; pero yo sigo creyendo que me visitó un fantasma. La cosa sucedió así: como pasa en los sueños, de golpe, allí estábamos, en una calle estrecha, muy estrecha, en alguna parte; los dos caminando por el poco espacio libre que no está invadido por comercios —pequeños, numerosísimos, a ambos lados–, paseantes curiosos que haraganean frente a ellos y vendedores que parecen hablar todos a la vez. Hay fuertes olores en el aire, brillos de latones, y telas de muchos colores. Estambul, él dice que es Estambul. Yo nunca he estado allí, cuando se planteó no pude ir, no tenía días libres, aunque la verdad tampoco me apetecía nada, no siento fascinación por el Oriente. Él sí que fue, se tomó mal que yo no fuera; infringí una norma de nuestra relación. Una norma relativa ...

Muerte en Venecia

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   Se dice Salvador que c o n un pie escayolado e s imposible hacer nada de nada, sobre todo lo que más le apetec e: liarse a patadas con todo. Con un pinrel roto hasta tienes que pensarte si es buena idea tir arse en el sofá a ver pasar el día, porque l evantarse después r esulta jodidamente difícil, o al menos ayer le costó mogollón, hasta con la ayuda de la muleta.   En esa duda estaba, en donde sentarse o no, cuando con el son ar d el timbre de la puerta le salt ó un latido el corazón . No podía ser ella, no hacia ni quince, ni diez minutos, que se había ido y el cabreo que llevaba parecía que le bastaba para toda le semana. El timbre volvió a sonar y Salvador se planteó simplemente ignorarlo, pero la remota posibilidad de que hubiera regresado, aunque fuese cargando su inacabable lista de agravios y cosas pendientes, le motivo para a la pata coja, a saltitos, acercarse al recibidor y abrir la puerta. No era ella, era el jefe, con esa sonr í sita despre...