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Injusticia

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    Despierto, los ratones están irritados conmigo; creo que se dan cuenta de que sueño más profundo, diferente, pero no pueden entrar en mis sueños y eso les molesta. Cada mañana, los descubro a mi alrededor: un público silencioso que me observa con desconfianza. Los he decepcionado; no sé exactamente en qué. Ya pueden ir acostumbrándose. El doctor Om me llama al despacho. El despacho es un sitio importante. No es la sala de consultas —que tiene su importancia, pero, vamos, no es lo mismo—; el despacho es otra historia —que a todos acojona, no comprendo por qué, pero me he contagiado de la histeria colectiva y me siento aterrado—. El despacho está fuera del recinto cerrado —el anillo interior— y son dos habitaciones contiguas que dan a la gran sala de espera, donde las ventanas están puestas a una altura más normal y todas, todas te dejan ver el exterior. En la primera habitación antes había una enfermera-secretaria muy simpática, pero dicen que se cansó de los majaras y ...