La Primavera
La Primavera -Fragmento- Boticelli Un acoplo, más que hiriente, fue el aviso de que el monaguillo del predicador había conseguido volver a arrancar el sound system. Reverberaba el aullido todavía en el comedor, que aquel ya había retomado su sermón; justo donde lo había dejado hace tres minutos. —Ella llegará, nuestras heridas serán sanadas, nuestros pecados perdonados. La vida siempre se abre paso, siempre lo consigue. ¡No os interpongáis en el camino de la primavera! ¡No lo hagáis! El predicador aparta el micrófono de su cara redonda, negra y sudada para dirigir una mirada suplicante al público que han arreado hasta frente al estrado los reclutadores. En conjunto es una congregación suavemente indiferente, dedicada ante todo a masticar su ración. Pero él no se rinde; puedes verle tomar aire, llenarse de la gracia; recordar que en realidad a todos les atrae primeramente el hambre. Que él está allí para, con la ayuda del tiempo y la suerte, despertar la fe. —Quisiera creer...