Basura
Con la llegada de la luna llena, las arnas de la ceniza surgieron de sus cunas de tierra, treparon por los troncos y se quedaron muy quietas en los dorsos de las ramas bajas; confiando en que los murciélagos no las localizaran antes de que se les secaran las alas y así tener una oportunidad. Los hombres, que podían ver sus siluetas , tenuemente fosforescentes, destacando sobre la corteza, las atrapaban y se las llevaban inmediatamente a la boca. Porque l as arnas no se pueden guardar. Según las tocas comienzan a deshacerse — como la ceniza de la que toman el nombre — y mueren; para, al par de horas, oler de t a l manera que nunca serás capaz de comértelas , por mucha hambre que tengas. — Con las arnas sabe s que al menos un día al mes no pasarás hambre. — Esto allí adelante no creo que se aplique. Allí adelante solo hay vacío. Las arboledas se habían ido distanciando y aclarándose. Esta, e n la que ahora estaban , s...