Jugando a fútbol
Puedo explicarlo como si tuviera un orden, que lo tuvo, pero en mi cabeza todo sucede a la vez. Ahora mismo continúa haciéndolo. Puedo explicarlo: tengo trece años; no, doce. Estoy gritando a pleno pulmón en la explanada: ¡Ballena, pasa, pásala ya! Mientras, me digo para mí, que me gustaba más cuando el jodido gordo no sabía taparla con el cuerpo y se buscaba la vida más cerca de la portería. Cuando al fin la suelta no es en mi dirección, sino a la otra banda. Allí Greñas la recoge y se mete en un bosque de piernas, del que — milagrosamente — le veo salir a trompicones y, justo antes de esparramarse, sin levantar la cabeza, empuja — más que patea — el balón en dirección de la zona del campo en la que yo debería estar — el frontal de la portería — ,en vez de tan caído a la otra banda. ¿Por qué estoy aquí? Es igual, verme tan lejos de mi sitio y el balón por ahí, rodando, me da alas y corro hacia él. Los gemelos Pons parece que llegarán antes. Siemp...