A subasta los trastos de Gary
Algunos le llaman Malas Noticias, vete a saber el porqué. Odio Ginebra. Es un agujero en medio de los Alpes donde se esconden los responsables de que el mundo vaya como va: bien para ellos y mal para todos los demás. Sí, todo va a peor, me reafirmo, ya antes de salir de la terminal. Y eso porque, hasta hace nada, esa máquina de ahí te regalaba un billete del tren que te acerca al centro. Ahora continúa en su lugar, pero más que apagada parece muerta. Cuentan que se quejaron los taxistas o alguien, quien fuera, de tanta generosidad; casi puedo escucharlos: ¿Algo gratis en Suiza, dónde vamos a ir a parar? Por eso pago por un billete en una expendedora reluciente, ya en el exterior de la terminal y tomo el tren que, en unos diez minutos, me deja en Ginebra-Cornavin, la estación central. Falta mucho para que sea la hora del evento, pero mi intención es hacer tiempo dándome una vuelta por la ciudad vieja, que domina el lago desde una colina. Si no equivoco mis pasos, camin...