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La Primavera

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  La Primavera -Fragmento- Boticelli Un acoplo hiriente fue el aviso de que el monaguillo del predicador había conseguido volver a arrancar el sound system. Reverberaba aún el aullido en sus oídos que aquel ya había retomado su sermón, justo donde lo había dejado hace tres minutos. —Ella llegará, nuestras heridas serán sanadas, nuestros pecados perdonados. La vida siempre se abre paso, siempre lo consigue. ¡No os interpongáis en el camino de la primavera! ¡No lo hagáis! El predicador aparta el micrófono de su cara redonda, negra y sudada para dirigir una mirada suplicante al público que han arreado hasta frente al estrado los reclutadores. En conjunto es una congregación suavemente indiferente, dedicada sobre todo a masticar su ración, pero él no se rinde; puedes verle tomar aire, llenarse de la gracia, recordar que en realidad a todos les atrae primeramente el hambre. Que él está allí para, con la ayuda del tiempo y la suerte, despertar la fe. —Quisiera creerle —dice el joven mien...

El hombre que ha perdido la salud

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  El hombre herido- Gustave Courbet   Siguen por internet las actividades del hombre que ha perdido la salud más de seiscientas cincuenta mil personas, una multitud que no puede ocultarle que no siente a nadie como realmente próximo. Delante de todos ellos ha guardado en secreto su peregrinación de médico en médico del último año. Si le preguntases por qué ha hecho esto, no dudaría en la respuesta y hablaría de discreción sobre un tema tan personal. No diría nunca nada sobre la vergüenza que siente por verse, en cierta forma, desenmascarado. El hombre que ha perdido la salud ha defendido desde los monitores de seiscientas cincuenta mil personas —y creciendo, como no se cansa de apuntar su community manager — que la salud del cuerpo es ante todo consecuencia de una mente sana; que es la voluntad de cada cual, esa fuerza interior que nos empuja a superar nuevos desafíos y a sostener las conquistas, la piedra angular de la salud. Después de visualizar unas pocas de sus publicacio...

Nada es para siempre

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  Gigi       Pese a que el autor, yo, tiene poca fe en los medios tradicionales, consideró casi un deber cívico poner en conocimiento del público el secreto a voces del hundimiento del mercado del diamante. Ninguno de los pasquines a los que se dirigió le pareció interesante su aportación. Su prosa debe ser espesa como un ladrillo, eso o todos los responsables de dichos panfletos guardan en un cajón un collar de la abuela que esperan saldar antes de que sea vox populi.que estos vidrios ya no valen -casi- nada    T engo un segundo de estrés cuando la factotum del presi, la señorita María , de apellido tiro-de-todos-los-hilos, entra en mi despacho. No porque sean las diez de la mañana, mi mesa esté limpia y mi ocupación sea leer el periódico en el ordenador. Es porqu e no llevo puestos los zapatos — son nuevos y me aprietan — y el encontrarme descalzo en un momento en que no debo estarlo me ha provocado un cierto déjà-vu, un momentáneo retorno a casi...