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Las bromas de Mister Georgenson

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  Trama lateral no incluida en la novela inédita del autor Vendedores de humo , cuyo tema principal parece ser molestar a jueces y abogados, además de enaltecer a quienes consideran las señales de límite de velocidad meras sugerencias. Harry Georgenson   Las bromas de Mister Georgenson   Un reportaje de Sol Colmenares     —Tengo un encargo para ti.   Dice Gustavo, lleva el jersey ese viejo de excursionista que desde que decretó las restricciones de calefacción en la redacción es su imagen personal. Lucha con la cremallera durante medio minuto hasta que consigue hacerla deslizar, pone cara de estar muy satisfecho y pasa a dedicarle toda su atención.   —¿Has oído hablar de la última película de nuestro excelso gran director cinematográfico?   —Todo el mundo lo ha hecho.   —¿Sí? Y ¿qué has oído?   —Que es un drama, como siempre; de gente que se roba canciones unos a otros, toman demasiadas drogas, pierden la voz y acaba, lo dicho, en ...

Despedida

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    Vacio-001     Esta otra noche me visitó un fantasma. Entiendo que pueda pareceros una afirmación exagerada, que creáis más correcto decir que soñé con un difunto. Sí, sé que lo aceptaríais mejor; pero yo sigo creyendo que me visitó un fantasma. La cosa sucedió así: como pasa en los sueños, de golpe, allí estábamos, en una calle estrecha, muy estrecha, en alguna parte; los dos caminando por el poco espacio libre que no está invadido por comercios —pequeños, numerosísimos, a ambos lados–, paseantes curiosos que haraganean frente a ellos y vendedores que parecen hablar todos a la vez. Hay fuertes olores en el aire, brillos de latones, y telas de muchos colores. Estambul, él dice que es Estambul. Yo nunca he estado allí, cuando se planteó no pude ir, no tenía días libres, aunque la verdad tampoco me apetecía nada, no siento fascinación por el Oriente. Él sí que fue, se tomó mal que yo no fuera; infringí una norma de nuestra relación. Una norma relativa ...

Muerte en Venecia

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   Se dice Salvador que c o n un pie escayolado e s imposible hacer nada de nada, sobre todo lo que más le apetec e: liarse a patadas con todo. Con un pinrel roto hasta tienes que pensarte si es buena idea tir arse en el sofá a ver pasar el día, porque l evantarse después r esulta jodidamente difícil, o al menos ayer le costó mogollón, hasta con la ayuda de la muleta.   En esa duda estaba, en donde sentarse o no, cuando con el son ar d el timbre de la puerta le salt ó un latido el corazón . No podía ser ella, no hacia ni quince, ni diez minutos, que se había ido y el cabreo que llevaba parecía que le bastaba para toda le semana. El timbre volvió a sonar y Salvador se planteó simplemente ignorarlo, pero la remota posibilidad de que hubiera regresado, aunque fuese cargando su inacabable lista de agravios y cosas pendientes, le motivo para a la pata coja, a saltitos, acercarse al recibidor y abrir la puerta. No era ella, era el jefe, con esa sonr í sita despre...