Destino Manifiesto
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| Basura-detalle-, 2001 Colección Particular |
La distopia será vista por muchos como una oportunidad.
Las palomas, si permaneces inmóvil, pueden pasar junto a ti sin verte. De los perros no puedes esconderte; ni el estar al otro lado de una pared te vuelve invisible para ellos. Porque como los perros reales son capaces de olerte. Desde más lejos, cuanto más asustado estés. Por eso es que viendo un perro, solo escuchándolo, ya puedes darte por muerto.
Si
el Joven
permanecía allí, escuchando
las enseñanzas del santón al
viento, solo era porque
lo
hacía desde un
púlpito, compuesto por
los
restos del camión
que
no les había sacado de allí, a sus compañeros y a él.
Eran,
fueron, un grupo variopinto. Él, que decía que viajaba en busca de
sus raíces, algo que le parecía necesario antes de abrazar las
responsabilidades de la edad adulta, Sus compañeros
—Ruth,
Conchita, Ernesto, Robert—, que venían también del otro lado del Nostrum, pero
sin
más excusa
que perseguir aventuras y nuevos paisajes. Cuando
se encontraron ya solo huían.
Ahora
el santón proclamaba
que
los perros solo atacaban a quien pareciese armado o no fuera de
limpio corazón, que todos debían arrojar las armas y meditar, así
los
perros volverían a su guarida para nunca más salir. Era algo que
repetía todo el día delante del flujo de personas que recorría la
carretera de ***, entre *** y el puerto de ***.
Lo
hacía en
una
mezcla inconsistente de ingles Asimil
y
la lengua local o puede que un puñado de ellas
diferentes.
Cuando pasaban los minutos, sin que el Joven entendiera ni jota de lo
que decía, sentía que reunía bastantes fuerzas para levantarse e
irse, pero en cuanto la cantinela le volvía a ser inteligible
lo
dejaba para un poco más tarde, agarrándose a la tenue esperanza que
sus compañeros de viaje, sus amigos —Ruth,
Conchita, Ernesto, Robert—,
los que la turba se llevó después de
pegarle
fuego a
su
camión regresaran.
Acunado por el sonsonete del sermón del santón,
con la caída de la tarde
se
durmió sentado en el suelo. Y lo hizo hasta que el disparo le
despertó. Abrió los ojos y vio
que
quien
guiaba
la
columna de Destino Manifiesto
había
abatido
al
conferenciante
y
escupía, en forma ritual, sobre
su cadáver . Era la primera vez que se topaba con una
columna y no supo como reaccionar, y puede que quedarse embobado, mirando el cuerpo desmaneado, le salvara la vida. Continuó
inmóvil hasta que un tipo enorme, que olía muy mal, le
hizo
levantar, para, después de pasarle un
brazo sobre el hombro ,comenzar
a
recitarle el credo del destino. Cuando acabó le preguntó si quería
unirse a ellos. Pensó que sería mala idea negarse
y
sacudió
la
cabeza afirmativamente. Todos rieron, le felicitaron y a continuación le
dieron
un
nombre nuevo, un arma de
un
solo disparo y se lo llevaron con ellos
Marcharon
entre *** y ***, hasta unirse a otras columnas y luego subieron hasta
***, donde cavaron trincheras y esperaron: la que debía ser la gran
batalla, la que debía decidir el credo que se interpondría, si el del
destino o el credo nuevo.
Encogido en el fondo de la trinchera soñó
con Ruth, con Conchita, con Ernesto, soñó con Robert. Ellos estaban
de espaldas a él en la orilla opuesta de un gran río seco. Queriendo llamar su atención agito
los brazos y grito lo más fuerte que pudo, pero no lo consiguió y el polvo, llevado por el viento, desdibujó sus siluetas primero y después la tierra entera.
En la mañana les sargentes despertaron la columna en silencio y al poco se encontró siguiendo las espaldas desconocidas de un hombre que portaba un rifle. Las ordenes eran que: cuando el que tenía al frente cayese en el combate, él debía recoger el arma y continuar la lucha. Mientras avanzaban miró atrás por encima del hombro y vio la cara desencajada de un otro que le seguía a él. Fue entonces, que el Joven se preguntó si en su rostro el gesto sería el mismo.
Según las ordenes tomaron posición en un resalte del terreno, no más que una arruga sobre la piel de la tierra y esperaron mucho tiempo. Hasta que un clamor de frases en inglés, en francés y puede que en swahili avanzó por la líneas creciendo y creciendo, empujando la noticia que traía el boca boca: Thot-El estaba vivo.
Y contaba el despacho que recibida la visión, había bajado de la montaña, y marchado desnudo a interponerse entre las líneas de los Altos y los Fuertes. Para desde allí predicar que la respuesta no era marchar hacia el Norte: a dar castigo y demandar lo que les pertenecía; ni hacia el Sur: a buscar el origen de perros y palomas para destruirlo.
La respuesta era clavar los dedos en la tierra en la que estaban, regarla con su sudor y así crecer. Hacerse fuertes, hasta la llegada de la nueva señal..
A ambos lados del frente, los hombres se levantaron, agitando sus armas, mientras cantaban, para después unirse en un baile en el centro de lo que ya no sería el campo de batalla, porque lo que los Hijos de la Tierra escucharon, lo que decía El-que-sabe sintieron que era bueno. Yse pusieron a construir. Y él joven río como todos y también se puso a hacer adobe.
Días
después, apretándose el vientre con una mano y llevando en la otra
una pequeña pala, pasó por delante de la desinteresada guardia de
un campamento; que ya no era tal, sino el germen de una ciudad de
barro que se extendía en todas direcciones. Doscientos pasos después
hizo un agujero en el suelo duro, lo utilizó y después sin que
nadie se lo impidiese comenzó a caminar de regreso hacia el Norte.
